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Vía: Robos de melenas y de otros objetos insólitos

miércoles, 31 de enero de 2007

Robos de melenas y de otros objetos insólitos

"Todo lo que existe es susceptible de ser robado". La afirmación no es gratuita, es el resultado de la experiencia de los agentes de policía que recorren las calles de algunas metrópolis sumidas en el caos, que ya no saben como proteger las señales de tráfico, las estatuas de los personajes ilustres, los extintores de incendios o las placas y carteles publicitarios de un tipo de ladrón que ya no coincide con la figura del ratero de toda la vida: sus objetos de deseo "siempre se salen de lo normal, ahí reside su ventaja".


El tijeretazo sorpresa
Pero no sólo los bienes llamados muebles son objetivo de este tipo de delincuencia al por menor. Últimamente, los titulares de los periódicos de las grandes capitales de Sudamérica y del Extremo Oriente se hacen eco de un número creciente de casos de ciudadanos víctimas de robos más o menos insólitos, cometidos por legiones de cacos reclutados en las favelas y barrios marginales. En este oficio como en ninguno, el ingenio y el efecto sorpresa valen su peso en oro.
Que se lo digan a la dependienta Mirna Marchetti, que el pasado 16 de enero perdió su larguísima "cabellera" en el centro de Río de Janeiro cuando viajaba en autobús con una amiga: "Estaban en la parada del autobús, nos siguieron y se sentaron justo detrás. Sentí un fuerte tirón en el pelo; protesté, pero ellos me dijeron que no me moviera, que se trataba de un atraco", declaraba esa misma tarde a una emisora local llena de rabia. Además de la cabellera, a Mirna le arrebataron, a la vista de todos, el bolso y otros objetos personales.
La policía dice que es el segundo atraco de este tipo desde diciembre pasado: esa vez la joven que perdió su melena salía de una cafetería, y teme un rebrote de un robo muy común en los años 90, cuando los salones de belleza pagaban fuertes sumas por pelo natural para fabricar pelucas, bisoñés y postizos. Hasta 30 $ cuentan que se paga hoy en Río por una buena melena.

Otros casos clínicos
El robo del reloj de pulsera por el método del cigarrillo encendido ya es un clásico en las calles de Bogotá. Los conductores toman la precaución de llevar sus relojes en la muñeca derecha, para evitar que les peguen un tirón si abren la ventanilla; pero no es suficiente: en el momento preciso alguien va y apaga una colilla en la mano izquierda y, al reaccionar llevándose la mano derecha sobre la quemazón, se produce el tirón del reloj. Así de fácil. Casi tan ingenioso como el de los monos entrenados para rateros de las playas de Phuket, en Tailandia
Otro robo para tomar nota, sobre todo si estamos de vacaciones y los pies están para el arrastre, es el de la zapatilla desparejada. Un rotativo de Bombay lo describe gráficamente: "El turista cae derrotado en el banco de un parque o de la sala de espera de una estación de autobuses, y cuando descalza un pie para aliviar el dolor, un niño le arrebata la zapatilla a toda prisa. Minutos después, cansado de andar a la pata coja, abandona la zapatilla en una papelera y, de repente, el chaval vuelve a surgir de la nada y se hace con el par". El turista no pierde mucho, pero regresar al hotel descalzo no es muy agradable con la calle plagada de objetos sospechosos.


Contenedores en la playa
En occidente también la pintan calva. Vamos, que por estos pagos algunos no pierden la ocasión de demostrar que a los europeos aún nos queda mucho por estar civilizados. El saqueo de los contenedores del Napoli, el carguero que encalló el pasado lunes en las playas de Branscombe, al sudoeste de Inglaterra, está generando escenas de rapiña que tienen escandalizado a medio país.
Mientras la policía ha acordonado las carreteras para evitar la avalancha de curiosos y cleptómanos, éstos eluden los controles acortando por el monte y caminos rurales. Poco importa si el barco llevaba o no mercancías peligrosas, con tal de volver a casa con una motocicleta BMW, un saco húmedo de comida para perros, unos parabrisas de coche o un tonel vacío que "me viene muy bien para poner unas flores". Hasta allí acudieron gentes que por su vestimenta no dejaban entrever que les movía la necesidad y que se paseaban por arena con cajas y cajas de zapatos nuevos. Una cosa es segura, los avispados reunidos no conocen fronteras.


Vía: Hola.com

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